Edición del blog para móviles Avenida del e-mail con esquina IP dinámico: septiembre 2006
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30 de septiembre de 2006

Capítulo 4

De cuando los ECTS compraron una flauta y lo que allí acaecio.

Los ECTS de camino a casa encontraron a un pastor que tocaba la flauta. Las corcheas, negras y semicorcheas producían un melódico momento que a nuestros amigos no tardaron en llamarles la atención. De esta manera los ECTS maravillados de aquella estampa, quedaron al día siguiente para comprarse una flauta.
Cuando llegaron a la tienda del flautista de Amelí, los ECTS golpearon la puerta con sus nudillos y una rítmica cancioncilla se accionó dándoles una calurosa bienvenida. En el mostrador estaba el famoso flautista de Amelí que ya les estaba esperando.

Flautista de Amelí: Buenos días ECTS.
ECTS: Buenos días, queríamos una flauta.
Flautista de Amelí: Pues habéis llegado al mejor sitio, veamos que hay por aquí (dijo sacando una vieja maleta de un armario), ¡mirad! que os parece esta flauta dulce.
ECTS: No, dulce no, si tuvieras salada quizás si.
Flautista de Amelí: ¿Y esta otra? (dijo señalando una vieja, sucia y astillada flauta)
ECTS: Pero si da grima nada más verla.
Flautista de Amelí: Ya, pero es que es mágica. Toca sola.
ECTS: Y aquella que esta a su lado (señalo una tercera flauta).
Flautista de Amelí: Aquella también es mágica, con ella cualquier rata o ratón que encuentres te seguirá allá por donde vayas.
ECTS: Pero no podremos tocarla donde nosotros queremos, porque si así fuera, nos seguiría todo el personal.
Flautista de Amelí: Déjame ver, ¡Si!, este modelo también lo tengo sin ratas.
ECTS: Pues ese es el que buscamos.

Los ECTS adquirieron este último modelo y nada más salir de aquella tienda hicieron sonar la primera nota (la ostia de desafinada), la cual accionó una incesante lluvia sobre aquel lugar que aun perdura hasta nuestros días. El flautista de Amelí desde aquel momento ya no fue el mismo, ahora se dedica a cagarse en la madre de los ECTS y a recoger animales y personas en un arca, “El arca de Amelí”.

21 de septiembre de 2006

Capítulo 3

De cuando los ECTS llegaron a Tranquilandia y lo que allí acaecio.

Nuestros intrépidos protagonistas pusieron rumbo a lo desconocido en su afan explorador, de este modo y tras varios días recorriendo el mismo trayecto, llegaron a un lugar donde sus gentes parecian tener mucha calma. Un cartel en lo alto de un palo les recibió: "Bienvenidos a Tranquilandia, un lugar con mucha calma", los ECTS se introdujeron en el poblado mezclandose con toda la gente que allí había, y que no era poca, unos leian el periódico, otros tomaban café, otros bostezaban, en fin lo típico en personas que aparentemente tienen poco que hacer. A los ECTS les llamó la atención una cosa, y es que allí la gente llevaban relojes de doble vuelta. De entre toda la gente había dos personas que destacaban sobre el resto. Una continuamente iba repitiendo: "tranquilo, bien, esto esta bien, pero bueno le falta esto... pero bueno bien eh, tu tranquilo, con calma tu me llamas tomamos un café tranquilamente y me cuentas lo que pasa", la otra persona destacaba sobre el resto porque esta tenía un reloj de triple vuelta y una pachorra que ni el tato recien comio, las autoridades judiciales de aquel país tenían prohibido por expreso deseo del rey Cansao II que aquellas dos personas se unieran en matrimonio, por el temor que suscitaba la idea de que Tranquilandia tuviera que cambiar de nombre y pasar a llamarse Santa paciencia. Los ECTS inexplicablemente decidieron empezar el día con fuerza, por ello se metieron en un restaurante sin saber que con tanta calma como allí había las comidas las servian a la hora de la cena, nuestros amigos casi fenecen de hambre.

18 de septiembre de 2006

Capítulo 2

De cuando los ECTS se conocieron y lo que allí acaecio.

Era un frio día de otoño cuando nuestros simpáticos protagonistas jugaban y retozaban por la achocolatada tierra, fruto de la intensa lluvia que habrían de soportar. Había una magia especial entre ellos que pronto les hizo entablar una interesante conversación.
La letra C, se dirigió hacia la letra E y amigablemente le preguntó su nombre, a lo que la letra E sacó una corneta y poniendosela en el oido contestó ¿Eh?. Del mismo modo la letra E le preguntó a la letra C que ¿Por qué se llamaba C?, y C como no podía ser de otro modo contestó: "Zeñor, ez que no ze porque me llaman azi, ¡Hijoz de puta!. Siguiendo con las presentaciones la letra C se interesó por la letra T ¿Tú te llamaz T, verdad? y T contestó, no té no gracias, ya he tomado. Y ¿Quién es S? preguntaron todos al mismo tiempo, malhumorado S replicó, ese tiene nombre, cullons.
Desde este entrañable momento los ECTS decidieron formar un grupo y no separarse nunca mais.

16 de septiembre de 2006

Capítulo 1

De cuando los ECTS llegaron a un estanque y lo que allí acaeció.

Érase una vez los ECTS paseando por un frondoso bosque cuando de la nada surgió un intenso haz luminoso que parecía indicarle un camino, estaba oscuro, sólo aquella luz parecía querer decirle hacia donde ir, los ECTS marcharon a toda prisa y cual fue su sorpresa que un hombre espigado de cabello blanco hablaba con un rano. Dame un beso decía el rano, pues no lo mereces, mi príncipe eras y con otro te encontré y ahora en sapo yo te convertiré. Los ECTS asombrados por aquella escena brockebackiana permanecieron agazapados en un matorral (propio de un clima mediterráneo en el hemisferio boreal con una pluviosidad media y acusada en verano, anda y que no, van a ser los climogramas), la sorpresa fue aun mayor cuando en lugar del sapo anunciado, apareció un personajillo de talla mediana con problemas de calvicie y que bien podría hacerse pasar por el Inspector Gadget. Has violado la norma 5 dijo Gadget, ¿Cuál es esa? Preguntó el hombre espigado. La que por el culo te la hinco respondió a toda prisa. Entonces el hombre espigado le reprochó no haber cumplido la norma 7. Perplejo Gadget pregunto: ¿Cuál es esa? La de que viene espinete y te la mete. Los dos personajes siguieron discutiendo durante horas y horas, el sol salía y se ponía, salía y se ponía, volvía a salir y a ponerse sin que dejasen de recordarse todas las normas incumplidas, así una y otra vez hasta que finalmente llegaron a la sabia conclusión de que efectivamente el día tan solo tiene 24 horas (aleluya, oremos al señor).